Historia y vivencias de Salvador Guzmán Arroyo (Cabra, 1930-2023) a través de comentarios, relatos, reflexiones y recuerdos personales y familiares... a los que se unen los de Salvador Guzmán Moral.
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lunes, 6 de abril de 2020
ANÉCDOTAS AL PASO: EL GUARDIA CIVIL DE BIGOTE
Vengo observando que mi memoria ya me viene fallando, pero me ocurre que las horas de la madrugada, sin embargo, suelen ser bastante lúcidas, aunque duran poco y luego, se me vuelven a olvidar.
Aunque también me sucede, a menudo, que cuando paseo se me agolpan multitud de recuerdos, seguramente porque viendo calles, paisajes o al cruzarme con cualquier amigo o conocido se vienen a la mente sucesos o anécdotas. Y es entonces cuando recuerdo alguna de estas historias que le paso a relatar.
Así, paseando por la Senda de “Enmedio” hace unos días confirmé que los hortelanos de Cabra, verdaderamente, son todos unos grandes artistas, porque además de buenos labradores, son unos expertos delineantes, conocedores del viejo “Almanaque Zaragozano”, y que saben más que el “Tío del tiempo de TV”, y todo esto unido, hace que sean verdaderos “ingenieros de la tierra”. Mirando a derecha o izquierda de este camino recientemente remodelado, a la altura de las Huerta de los “Meinas”…(más bonito que Medina) se abren unos terrenos que maravillan, tanto en el alineado de las hortalizas, como en el riego morisco de unos “almorrones” perfectos, por los que transcurre nuestra cristalina agua regando los vegetales. Y si nos adentramos en los invernaderos, los cultivos bajo plástico parecen luminosos laboratorios, donde todos está controlado. Mi enhorabuena a los hortelanos de mi pueblo. Sin duda herederos de aquellos cultos de los viejos árabe que nos acompañaron durante más de siete siglos, por estas queridas tierras.
Pero la anécdota que les quiero contar me transporta a los años 1937- 1938, cuando en mi casa, la conocida como Fonda Guzmán, además de labor de hospedaje, teníamos una pequeña taberna. Un Despacho de Vinos de elaboración propia, sin mostrador, donde mi padre tenía unas seis o siete viejas cuarterolas, dónde se criaban mostos procedentes de los Moriles, y que iba pasando de una bota a otras botas, hasta conseguir unos “finos” muy acreditados y reconocidos por grandes bebedores de nuestro pueblo.
Pues bien, yo estaba dentro de aquel "Despacho" donde había una pequeñita fuente de mármol blanco en la que lavaba unos pocos de vasos de la clientela, que mayormente eran del barrio del Instituto e Iglesia de la Virgen de la Soledad.
Recuerdo algunas de aquellas personas, como el hortelano Manuel Ballesteros, conocido como “Botillo” (el abuelo de Pilar de Cajasur); el abuelo y los dos hijos de los señores Valle, de la calle Santa Ana, también conocidos como los Pirulos; el Papa Pio, Manuel Oteros Luque; un guardia municipal apodado “Sardina”, que acudía allí cuando estaba fuera del servicio); y … un tal “Chaucha”, que trabajaba en el Matadero Municipal.
Un buen número de personas, todas ellas declarados expertos “catadores” y degustadores de aquel apreciado mosto. Normalmente se sentaban en unas mesitas, del interior de la casa, en una salita baja, sobre el suelo de mármol rojo, sin pulimentar, que tendrían poco más o menos un par de metros cuadrado.
En aquel reducido escenario, andaba yo cantando una cancioncilla de la película que habían puesto unos días antes en nuestro Cine Principal, la de la gran Imperio Argentina y Miguel Ligero, titulada: “MORENA CLARA”, y cuando llegaba a lo de "entró un civil con bigote"… en ese mismo momento, entraba un auténtico Guardia Civil, que solía almorzar en casa, que además tenía un hermoso bigote, de los rizados hacia arriba, y... asomándose al despacho me dice: -¡Oye niño! ¿Qué es eso de un civil y con bigote?...
Yo me c…. en los pantalones y aprovechando un momento de despite, salí corriendo para la cocina a refugiarme en las faldas de Mama Rosa…y entonces el Guardia Civil, que como antes dije, era uno de los que comían en casa a diario, disimulando la risa me siguió y volviéndose de nuevo a mí me dice:-Niño!... ¿Qué es lo que cantabas?. Y yo balbuceando le respondí: - lo de la película… y termina: -¡esta vez lo voy a pasar, pero la próxima vez...!
Les puedo asegurar que ya no volvería más a cantar, aquella inolvidable canción, en toda mi vida.
lunes, 24 de febrero de 2020
La Embajada de Cabra en Madrid
Parece un chiste o un cuento o… una de las “chalauras” del actual Gobierno Catalán con su sueño de independencia, que nos tienen más que hartos a todos los españoles. Pero esto que vengo a contar, no es un sueño, ni una tontería que yo me invento, era una realidad que corría por mentideros egabrenses, allá por los pasados años 1950-1960…
Ya he contado a mis amables lectores en varios de mis relatos, que los siguientes años a la finalización de la Segunda Guerra Mundial en 1945 y la anterior Guerra Civil de 1936-1939, en España en general lo pasamos muy mal y la emigración de nuestros paisanos fue masiva a grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao... además de algunos países europeos, llámense: Alemania, Suiza, o Francia, entre otros.
En esos tiempos, que no se parecían nada a los actuales, había una desinformación total para encontrar trabajo allá donde se fuera y… como en el sitio que nos ocupa, Madrid.
“Desembarcabas” en la Estación de Atocha, y si no tenía familia esperándote, iniciabas la gran aventura: ¡Que hacer ahora". Mirabas un papelito que llevabas en el bolsillo, con una dirección de algún amigo o familiar: Calle del Carmen, número… tal. Y allí te dirigías, como podías, normalmente andando.
No había "pólvora" para toma un taxi y un desconocimiento total del autobús que te dejara cerca de esa esperanzada dirección, la cual se encontraba en pleno centro de Madrid.
Con tu maleta en ristre te encaminabas a ese lugar, preguntando y preguntando… “ ya se sabe que preguntando se llega a Roma” .
Así se plantaban, nos plantábamos, delante de una modesta casa de vecinos a la antigua usanza, y en ese portal nos recibía un Señor, de cara bonachona, muy grueso, sentado en una mesita de zapatero artesano que se llamaba don Vicente Vannereau, de una conocida familia con este apellido de origen francés… los Vannereau de Cabra.
Algo extrañado nuestro amigo emigrante preguntaría lo normal, si era allí donde vivía "el de Cabra" y la contestación de nuestro amigo Vicente era…- ¡Claro, pasa hombre, pasa…! ¡Siéntate y me cuentas...! -
Entonces echaba mano a una “damajuana” de cuartilla de vino y te ofrecía un vasito, para que “pasaras el trago” , y le contaras que te traía a Madrid, de que familia eras y tu historia sobre encontrar un trabajo conforme a tus aptitudes.
Podías contar con la certeza de que el señor Vannereau no te defraudaría. Te daba una o varias direcciones y nombres, a las que te mandaba, personalmente , y dónde te podían ayudar en tu petición.
Normalmente, sabía siempre de quien eras, porque nuestro embajador "conocía bien el paño", ya que estaba al día de todo lo que pasaba en Cabra y no fallaba en sus consejos y apreciaciones.
Además aquel portal, también era un punto importante de encuentro con otros paisanos, amigos o solo conocidos. Lo que explica que a este curioso lugar le dieran por nombre: la Embajada de Cabra en Madrid.
Yo personalmente “utilicé" como un egabrense más este importante servicio, no para trabajar, sino para que me orientara o aconsejara en pequeños problemas y gestiones, sabiendo que sus consejos e informes eran, siempre, “moneda legal”…
Para mí y para muchos egabrenses, el bueno de Vicente Vannereau era un perfecto ser humano: cariñoso, simpático, bonachón... un personaje digno de pertenecer a una saga de cualquier novela de entonces, del que destacaría, sobretodo, su generosidad.
Y lo que cuento del vasito de vino, era un detalle muy característico, en muchas ocasiones, siempre que pasaba o iba a la Puerta del Sol, aprovechaba y me acercaba a saludarle, a departir un ratito con él, pues además de la charla, siempre se agradecía aquel vasito de vino Montilla -Moriles.
lunes, 17 de febrero de 2020
EL PINAR DE LA “FUENTE DE LAS PIEDRAS”
Corrían los años 60... en aquellos años, la juventud de Cabra vivíamos con ansias de prosperar y tomarnos la vida en serio. Buscábamos nuevos trabajos, nos relacionábamos abiertamente con otros miembros de nuestro entorno; y queríamos superarnos a nosotros mismos, ya que para entonces el "Régimen" parecía que se abría un poco al mundo exterior. La Europa más cercana abría sus puertas, se iniciaba un bonito camino con la llegada masiva de extranjeros. Toda una gran esperanza como era… ¡el turismo!.
Culturalmente parecía que florecía entre la juventud de nuestro pueblo, nuevos horizontes y… uno de los puntos sobresalientes en este aspecto era la Sociedad Cultural del Centro Filarmónico Egabrense. De allí salieron varias iniciativas, entre ellas, fundar con una aportación económica, parecida a unas pequeñas acciones, la posibilidad de instalar una industria, contando además con otros recursos, que sin duda nos daría el Gobierno. Esta iniciativa tomó cierto vuelo, pero… era un esfuerzo mayúsculo, que finalmente no prosperó, a pesar de llegar a puntos importantes para poder lograrlo.
En otro momento, se planteó la refundación del Gran Imperio Romano de Cabra, para mayor lucimiento de nuestra Semana Mayor. Y esto, si se llevó a cabo y resultando un éxito enorme, como se demostró.
Y por último, pasemos al motivo de este artículo, la plantación de un gran pinar en el paraje de la Fuente de las Piedras. Aquella iniciativa la encabezaban varias personas y grandes amigos como fueron: Ramón Cantero París, Antonio Luna Pérez, Manuel Luque Moreno, Antonio Lara Jurado, José Tarifa Muriel, Manuel Guzmán Arroyo, Antonio Vivar Gómez, un servidor, y ... muchas personas más.
El proyecto era, que repoblar con pinos un espacio natural, tan maravilloso como era la “Fuente de las Piedras”, donde apenas había vegetación y muy poca arboleda, tan solo un grupito de álamos blanco y mucho pedregal...
Para ello creamos una comisión y en pocos días, un numeroso grupo de personas se hicieron eco de esta bonita llamada. El proyecto consistía que cada persona interesada, podía suscribir unas cuotas para la compra de un pino, que “sería de su propiedad” y también de "su cuidado" desde el mismo momento de su plantación, con la obligación de los primeros riegos hasta que enraizaran aquellos arbolitos.
El pedido de unas 300 plantas se vendió rápidamente y todas las personas comprometidas aceptaron con seriedad la labor de cuidado de aquel pinar. Para identificar la “propiedad” de cada arbolito, le poníamos una especie de pulsera metálica en el tronco con el nombre de su “propietario”; hubo quien compró varios con el nombre de sus hijos. Y también había dos especies de plantas, unas de mayor tamaño y otras más pequeñas, con diferentes precios.
Aquella iniciativa duró varios años y, en cuanto al cuidado de los mismos, daba gusto ver cuando llegaba un domingo o una“fiesta de guardar”, como numerosas personas y muchas familias acudían con una lata o regadera para “dar de beber a los sedientos arbolitos” . Ver crecer aquel incipiente pinar fue, yo bien diría... UNA MARAVILLOSA realidad.
Con el paso del tiempo, algunos pequeños pinos se malograron, otros se murieron de “vejez-prematura”, pero aún así, todavía hoy se conservan y se pueden ver en nuestra Fuente de las Piedras, muchos de aquellos ejemplares, que ahora tienen, eso si, más de 60 años y por tanto han pasado a una feliz “jubilación arbórea”.
¡No me digan, mis amables lectores, ahora que tanto se habla de preservar el Medio Ambiente y cuidar la Naturaleza, que aquella idea no fue un verdadero acierto...!
Si lo fue, una iniciativa que hoy recuerdo, de la que me siento orgulloso y que hicimos por el empeño de un puñado de amigos.
¡No me digan, mis amables lectores, ahora que tanto se habla de preservar el Medio Ambiente y cuidar la Naturaleza, que aquella idea no fue un verdadero acierto...!
Si lo fue, una iniciativa que hoy recuerdo, de la que me siento orgulloso y que hicimos por el empeño de un puñado de amigos.
martes, 14 de enero de 2020
DON FRANCISCO ROJAS LOPEZ
En mi apartado de “Personas célebres egabrenses” y… trasteando por la prensa local, me encuentro la biografía de un hombre extraordinario, tanto por su buen hacer como persona y como político.
Cuando D. Francisco Rojas López llegó a la Alcaldía de Cabra en tiempos de la Segunda República, por las circunstancias históricas de entonces, fue recibida con mucha expectación y esperanzas de que se conseguiría llegar a una situación social a nivel popular, algo mejor de lo que en esos tiempos se daba, pues el pueblo trabajador lo estaba pasando mal.
Yo conocí a esta gran persona por aquellas fechas. Entonces era un chiquillo de seis o de siete año, y frecuentaba mi casa por varios motivos. Por ser íntimo amigo de mi padre y también asiduo a tertulias en la pequeña taberna o despacho de vinos que había mi casa, la Fonda Guzmán, en la salita entrando a la derecha, cuyo suelo era de mármol rojo de Cabra si pulir, de un metro cuadrado cada loza, en donde se reunían los buenos “cataores” del fino Moriles.
Ya de mayor seguí tratándolo, igual con mucho respeto y admiración, porque conocí todas las vivencias que se detallan en su biografía por la prensa local y que ahora lo reconocen. Además de ello, su familia eran en mi casa como una continuación de la nuestra, nuestro cariño para sus hijas; Margarita, Paquita, María y Soledad, así como a su nieto Manuel Arroyo Rojas, algo menor que yo y… al que me une una vieja y gran amistad.
BIOGRAFÍA:
“Don Francisco Rojas López, un hombre honrado a carta cabal, magnífico maestro albañil y alcalde en dos etapas: Al advenimiento de la República en 1931 y posteriormente en los años 1935 y 1936”.
“De modesta condición, de cultura primaria pero… con un corazón de oro, don Francisco Rojas pasó por el momento alegre que colmaban sus limpios ideales de ser el primer alcalde republicano que ocupara el sillón de las Casas Consistoriales, el que con hombría y con dolor, entregara el mando en julio de 1936.
“De modesta condición, de cultura primaria pero… con un corazón de oro, don Francisco Rojas pasó por el momento alegre que colmaban sus limpios ideales de ser el primer alcalde republicano que ocupara el sillón de las Casas Consistoriales, el que con hombría y con dolor, entregara el mando en julio de 1936.
Mientras ocupó la primera magistratura local, siguió siendo amigo de todos, la sencillez y la modestia eran sus armas más preciadas. El cargo nunca le sirvió de engreimiento.
En aquella época, el presupuesto municipal era de unas quinientas mil pesetas, y según confesaba a un periodista que le entrevistó -le faltaban más de trescientas mil para poder cumplir los planes que él ambicionaba-.
Fueron importantes los logros conseguidos por los Ayuntamientos de aquel entonces: El Centro de Higiene Rural -modelo en su clase-, el arreglo de la calle Juan Ulloa; la Casa de Socorro; una reforma en la Plaza de Abastos; el monumento de Aguilar y Eslava y, finalmente le cupo el honor de ser él, quien inaugurara la Biblioteca Pública Municipal, orgullo de Cabra, ayer y hoy.
No pudo en su momento, ver colmada la obra que más entusiasmo le puso: La inauguración del Grupo Escolar que hoy lleva el nombre de Nuestra Señora de la Sierra. De su capacidad profesional dejó amplia estela en las muchas obras que realizara y en el Convento de Madres Agustinas, Casa Asilo y en el Santuario de Nuestra Patrona, lugares en los que trabajó muchos años, hay buenas pruebas de lo que decimos. Falleció el 25 de marzo de 1964, contaba 75 años.”
También por la Emisora de Radio Atalaya en la fecha del fallecimiento de Don Francisco Roja, expresaban el pesar más sentido a la familia y… a los oyentes les comunicaba la asistencia a la conducción del cadáver que tendría lugar a las cinco de la tarde del citado día. Vivía en el barrio de Santa Lucía.
Otro acto que se le ofreció a este buen hombre, por el año 2006 en el mes de Junio se aprobó por el Pleno del Ayuntamiento, por unanimidad, poner el nombre a una de las calles de nuestra ciudad por la que tanto hizo.
miércoles, 23 de octubre de 2019
ANÉCDOTAS CON UN AMIGO POETA.
Fue una gran amistad, la que me unió con Manuel Ruíz Madueño, más conocido como “El Cordobés”. Una amistad que comienza allá por los años finales de 1940 y comienzos de los 50. Que comenzaría por la amistad mutua que tenía con su familia y, especialmente, con su madre, la simpática Rafaela "La Cordobesa", que vivía a final de la primera calle de la Cruz. Por cierto, la propia Rafaela tiene un anecdotario muy extenso y variado que otro día les contaré.
Pero vayamos al tema que nos ocupa. Son muchas las anécdotas e historias que me contó y otras que yo viví, en primera persona, con este buen amigo:.
De la "mili”… me contaba algunas muy sabrosas. Como que por pertenecer a la Quinta del 40 o 41, los movilizaron con unos 18 años y los tuvieron movilizados durante 9 años. Me decía que a su final… eran poco más o menos como la anarquía de un ejército mexicano. Pasaban los oficiales por su lado y ellos actuaban sin marcialidad, nada de saludos, mal trajeados y con cara de de “pocos amigos”.
Contaba también que llegó a trabajar en un hospital, como enfermero... y por las noches, cuando alguno de los pacientes,dormía un buen sueño, con otros de su calaña iban al WC y… con un palito untado de “caca” se lo pasaban por el bigote al “ paciente durmiente”. Para ver a la mañana siguiente la reacción de asco que tenía al despertar y comprobar el “olorcito” que desprendía el ambiente.
Por otra parte, formábamos un grupo de amigos muy aficionados al cine, éramos, prácticamente, de “función diaria”. E íbamos siempre a la segunda función del Cine Principal, al “segundo gallinero”. Siempre los de costumbre, entre ellos mi gran amigo Jaime Vivar Gómez y… ,como no, Manolo Ruiz Madueño, el poeta.
Un día de tantos, estábamos sentados en la última fila de asientos corridos del llamado “gallinero” y, un espectador...ya entrado en años y de profesión barbero, algo pasado de copas, cayó en un verdadero “sueño pesado” viendo la película. ¿Qué se nos ocurrió ?…Al término de la función, “cuchicheando” muy bajito, nos fuimos saliendo muy despacio de la sala de Cine, sin hacer ningún ruido. Nnormalmente, al final de la proyección el acomodador hacía la comprobación de que la sala quedaba vacía. Pero en aquella ocasión, lo convencimos de que no quedaba nadie. ¡¡ Y así lo hizo!!...
De madrugada, desde una de las últimas ventanas del Cine Principal, el embromado durmiente, daba gritos de desesperación para que abrieran las puertas del local y poder salir a la calle. Pasaron horas para que los propietarios del cine de la Empresa Guerrero, mandara al personal para que “liberaran” a nuestro Barbero, quec creo recordar de apodo o mote le lamaban “Chorizo”.
Manolo “El Cordobés”, era un tipo guasón además de poeta. Me contaba que las autoridades de nuestro pueblo no le tenían mucha simpatía, incluso en algunos conocidos establecimientos, no estaba bien visto por su carácter sarcástico y bohemio. Por eso llegó a imprimirse unas curiosas tarjetas de visita que decían:
MANUEL RUIZ MADUEÑO
Ciudadano de tercera
C/. De la Cruz CABRA
Era tal la amistad que llegué a tener con Manolo "El Córdobés", que en la época que él trabajaba en Madrid como fotógrafo ambulante y después como taxista, siempre que iba a la capital de España lo buscaba y solíamos dar largos paseos por aquel Madrid de los 50 y 60. Y lo normal en aquellos largos paseos era, que una infinidad de personas lo saludaran con un…–¡Adiós Manolo -, -¡Me alegra de verte Manuel!... en un Madrid, con varios millones de habitantes. ¡Sorprendente!
Cuando me casé en Madrid, no podía faltar Manolo a nuestra boda. Así que nos llevó en su taxi, engalanado para la ocasión, desde nuestro domicilio en la calle de la Bola núm. 2, hasta la Parroquia de Santiago, cercana al Palacio Real. Después del ágape, nos llevaría a la Puerta del Sol, para hacernos las clásicas fotografías de novios en el Madrid de los Austrias. Y por último, a un paseo por aquel añorado Madrid, para visitar a su hermana Sor Carmen en el Hospital de Carabanchel. Todo aquel servicio, además, incluyó como regalo un reportaje de fotografías con su vieja máquina. Guardo con cariño esas fotos…
Manolo Ruiz Madueño, recibió siempre la simpatía y el cariño que de nuestro recordado gran poeta local, don Juan Soca, quien se portó muy bien con él y aconsejaba en su sueño de ser poeta. En los ratos libres don Juan, en la Biblioteca Pública Municipal, le enseñaba todo lo concerniente a la métrica, composición de versos, rimas etc.
En sus últimos tiempos en Cabra, antes de marchar para la provincia de Sevilla al calor de su hermana, que era Monja de la Caridad… Sor Carmen. Tuvimos grandes charlas en casa, donde solía almorzar y me recitó su última poesía, que guardé con interés en mi viejo magnetófono “INGRA”.
Y unas horas antes de que me hijo mayor naciera, estando en casa, nos recitó el bonito poema de "La perra gorda" dedicado al que iba a venir al mundo. En aquellas horas de espera, tenía en su mente, el convencimiento de que sería una niña y… así aquel poema, se grabó, dedicado a la rosas, por lo que su nombre sería el de ROSA. Finalmente vino un varón, al que llamaríamos… SALVADOR.
¡QUERIDO MANUEL RUIZ MADUEÑO, AMIGO Y POETA, QUE DIOS TE GUARDE, ALLÍ DONDE TE ENCUENTRES. PARA MI Y PARA MUCHOS, SIEMPRE SERÁS… CIUDADANO Y POETA, DE PRIMERA, DE TU AMADO PUEBLO DE CABRA!
sábado, 17 de agosto de 2019
LA “GRANJA”… DE CABRA
Cuando paseamos por nuestro histórico “Paseo” o Parque de Alcántara Romero, perimetrado por cuatro avenidas o calles importantes, en uno de sus dos laterales más largos, se encuentra la calle conocida como "José de la Peña y Aguayo", en cuya casi toda su longitud se encuentran unos modernos bloques de pisos conocidos como “los pisos de la Granja”.
Los más jóvenes, me refiero a los nacidos de los ochenta en adelante, no sabrán de lo que hablo, pero los anteriores, menos jóvenes, estos sí se acordaran.
¿De dónde viene este nombre popular de “los pisos de la Granja” ? Pues, yo se lo voy a contar...
Hubo unos años que la vida en nuestro pueblo era difícil, muy dura… ¡más que ahora! y nuestros mayores se empeñaban en sacar a España adelante levantando pequeños negocios e industrias, que ayudaban a salir de la escasez, sobre todo alimenticia.
Aún quedaba muy cercanas nuestras dolorosas guerra civil y mundial, y la posguerra había hecho estragos en la población. Entre estas pequeñas iniciativas empresariales se crearía en Cabra, una nueva, la conocida como la GRANJA AVÍCOLA. Un intento de negocio parecido a lo que hoy en día son multinacionales como la famosa marca Avecren.
Hubo unos años que la vida en nuestro pueblo era difícil, muy dura… ¡más que ahora! y nuestros mayores se empeñaban en sacar a España adelante levantando pequeños negocios e industrias, que ayudaban a salir de la escasez, sobre todo alimenticia.
Aún quedaba muy cercanas nuestras dolorosas guerra civil y mundial, y la posguerra había hecho estragos en la población. Entre estas pequeñas iniciativas empresariales se crearía en Cabra, una nueva, la conocida como la GRANJA AVÍCOLA. Un intento de negocio parecido a lo que hoy en día son multinacionales como la famosa marca Avecren.
Esta GRANJA AVÍCOLA estaba situada junto a nuestro Paseo “Alcántara Romero”, concretamente en ese espacio “grandote” que forman los llamados “Pisos de la Granja”, a saber, calle Peña y Aguayo; desde la actual “Farmacia González-Meneses” y con anterioridad sede los conocidos "Laboratorios Egabro"; hasta la esquina donde estaba situada la Fábrica de la Carne de Membrillo llamada “Conservas Este”, otra gran industria, en la que tuve el honor de trabajar más de 20 años y que daba trabajo a más de 300 mujeres y hombres de Cabra, en turnos de ocho horas.
Una curiosidad, hoy, solo aquellas tres Industrias cercanas, "Conservas Este", junto a “Pallarés Hermanos S.A.” y el Laboratorio Egabro, serían suficientes para cubrir los 600/700 desempleados que actualmente hay en Cabra.
En la fotografía aérea que inserto en la cabecera de este relato, se pueden ver las diferentes naves que formaban esta GRANJA AVÍCOLA, que alojaban miles de aves, y es de imaginar los miles y miles de huevos que se recogían a diario.
Además, los responsables de esta importante industria, fabricaban un compuesto similar a los célebres "cubitos" o porciones del caldo mágico conocido como “Caldo Magi” de la firma Avecrén o sea… una pasta dura elaborada con jugo de carne de las aves, muy concentrado y que cortada en unos pequeños dados de algo más de centímetro y medio, diluidos en agua caliente producen un buen caldo o sopa… ¡Más o menos agradable y nutritiva! y que con unas rebanaditas de pan, podían cubrir parte de un almuerzo o de una cena.
Además, en aquella GRANJA AVÍCOLA también se daba una nueva forma de incrementar “dinerillo” en los bolsillos vacíos de la población joven: el envasado de esos pequeños cubitos, que se hacían a mano, ya que no había las envasadoras modernas. Se envolvían las porciones de caldo concentrado en unos papelitos dorados y plateados… ¡Muy bonitos!, que se les entregaba a muchas personas, que se llevaban a sus propios domicilios. Y en correspondencia recibían un pago dinerario por el envasado de cada unidad, que podrían ser miles.
Muchas jóvenes egabrenses basaban parte de su economía doméstica, en esta tarea por esa época, que como ahora no era muy bollante.
Yo personalmente, en cierta ocasión traté de envolver uno de aquellos daditos gastronómicos, y recuerdo que me resultó difícil hacer.
No quisiera dejar en el tintero que …hubieron ciertas personas, que fueron parte y el alma de aquella “gloriosa” industria. Entre ellos, Antonio Melgar, (aquel gran futbolista del C.D. Egabrense) que ejerción en la GRANJA AVÍCOLA como administrativo, y… al encargado general, Alfonso López Osuna (hermano de Gregorio, mi amigo de tertulia y de Paco López Osuna que se marchó a Jaén como Músico Profesional de la Banda Municipal de Música de esa capital).
De esta forma, espero que los jóvenes de hoy, queden algo más informados de aquella gran industria que fue la GRANJA AVÍCOLA, desaparecida como tantas otras… "Pallarés Hermanos", "Laboratorio Egabro", "Conservas Este”, posteriormente la "Coopa" y más recientemente, "Oliveres-Pallarés" ...
jueves, 16 de mayo de 2019
EL AGUA Y LA LIMPIEZA DE LAS CALLES DE CABRA POR LOS AÑOS 30 Y 50
Hoy me viene a la cabeza un tema muy curioso. ¿Cómo se utilizaba el agua en las casa y cómo se hacía la limpieza de las calles de Cabra en los años 1930 a 1950, años ya remotos de nuestra historia local?
Es sabido que Cabra es población rica en este liquido elemento, hoy muy escaso, como es el
agua. Recurso interesante y en estos tiempos, codiciado e imprescindible.
Las viviendas
de los vecinos egabrenses, la mayoría eran casas con agua en propiedad, es decir que sus dueños disponían de una importante cantidad de agua, la cual no pagaban. Así pues, las acometidas no
tenían corte o grifo, siendo en la mayoría de los casos, un simple tubo de hierro o plomo por el que fluía el agua a todas
horas. Y que para menor molestia, las amas de casa de aquella época le solían ponían una cuerda para que el
chorro del agua hiciera el menor ruido posible o una tabla empinada que atenuaba el
fuerte golpeteo del chorro.
Al cabo de unos años el Ayuntamiento empezaría a cobrar una tasa por “llevar
la conducción” de este preciado líquido desde el manantial de la Fuente del Río a las casas y lo
calculaba por el tamaño en milímetros de la sección del tubo de entrada, según constaba
en la correspondiente escritura de propiedad.
Además de este suministro, muchas casas
tenían su propio pozo. Y en algunas ocasiones se compartían con los vecinos
y para ello, incluso en muchos casos se llegaban a dividir con un tabique, que permitía el acceso al mismo por ambas casas.
En los rigurosos veranos de calor, que también los
teníamos, era una delicia, el uso público del agua que se hacía, normalmente, a la caída de la tarde. Entonces
unos amables empleados del
Ayuntamiento, tenían como misión, con unos escobones de “zaína”, barrer las calles y posteriormente desplegar en ellas unas mangueras de riego de 5/6
centímetros de grosor, con más de veinte metros de largo, que transportaban
deslizándolas por el pavimento de las calles, con un peculiar ruido.
Aquellas mangueras se enchufaban
en unas rejillas con tapa de hierro que había en todas o…en casi todas las
calles de nuestro pueblo, a una distancia ya previamente calculada… ¡Vamos!,
como si ello fueran puntos de aprovisionamiento, como hoy las gasolineras en
carreteras.
¡Y entonces venía lo mejor!... Estos simpáticos y generosos
funcionarios, cogiéndose a la manquera, abrían la salida en dicha rejilla y con
la enorme boquilla de riego de bronce pulido y brillante, que medía más de
medio metro… refrescaban el ambiente, con un generoso chorro de limpia y
fresca agua de nuestra Fuente del Río.Puedo asegurarles, amables lectores, que entonces se producía un agradable y embriagador olor a “tierra mojada”… ¡que era una verdadera delicia!… que el mejor de los perfumes no lo superaba…-¡ Y les doy mi palabra!. Las calles de Cabra, después de estos riegos quedaban como… los “chorros del oro”.
Yo lo recuerdo perfectamente... En mi casa, en la llamada Fonda Guzmán, frente a nuestro Instituto y la Ermita de la Soedad, había en una pila de piedra caliza muy grande… con uno de esos tubos brillantes metálicos, grueso como un pulgar, del que salía constantemente un chorro de agua durante las 24 horas del día y de la noche, fresca como el hielo y que caía suavemente en una delgada tabla, que de húmeda, parecía de gelatina. Y en la casa de mi entonces novia, había un precioso y pintoresco pozo, junto a hermoso y florido “celindo” que era para pintarlo... cosa que también hice, allá por el año 1950 y que aquí les ofrezco.
Había una persona a la que personalmente le tengo un gran
afecto y que fue la viva estampa del funcionario que describo. Es “consuegro” de este
“escribidor”, se llamaba Francisco Muñiz Corpas, un modelo de persona por su
afabilidad y bondad. Cariñosamente más conocido por “El Campanero”. Desde estas
líneas un saludo a sus hijos Paco, Antonio, Juande y Pedro y mi recuerdo y felicitación por
aquellas agradables horas de veranos calurosos a los que vuestro buen padre nos
los endulzaba con aquel chorro de helada agua.
Así termino este humilde relato que creo pude gustarles. Hace tiempo que no les cuento nada en mi blog, pero ya estoy
dispuesto a volver a los “ruedos" de estos personales relatos.
Cabra a 20 de abril de 2019... con la Soledad en la calle.
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