Historia y vivencias de Salvador Guzmán Arroyo (Cabra, 1930-2023) a través de comentarios, relatos, reflexiones y recuerdos personales y familiares... a los que se unen los de Salvador Guzmán Moral.
Tengo un grato recuerdo del kiosco de prensa
que se construyó en la Plaza del Ayuntamiento, allá por los años 40 y principio
de los 50. Nuestro común amigo Rafael Luna Leiva, me ha mandado una foto de “Cabra en el Recuerdo”, del
emplazamiento en donde estaba ubicado, pero en esa foto no existe el edificio,
se encontraba en el mismo centro del jardín de esa Plaza.
Era cuadrado, de una planta, con una visera o
cubierta alrededor del mismo. Supongo para evitar la lluvia a los compradores,
y dentro en un gran ventanal, donde se encontraba el vendedor. Era un amable
señor, persona muy conocida, como era D.
Antonio Moreno Maíz, padre del escritor e historiador D. Antonio Moreno Hurtado.
Como sabemos el señor Moreno Maíz, era también un funcionario Municipal, y Auxiliar de D. Juan Soca en la Biblioteca
Pública Municipal. Que creo que es y… sigue siendo, lo más importante para la
necesaria educación de la juventud de nuestro pueblo. Al desaparecer el citado
Kiosco de Prensa, el Sr. Moreno
trasladó el servicio de la prensa, y también como Librería, en el portal de su
casa particular, en la antigua calle Baena, en la actualidad Avda. José Solís,
esquina con la calle Pedro Gómez, frente por frente al Bar de Cuevas.
Relato este recuerdo a
colación del producto en Internet, Faceebok
de… “Cabra en el recuerdo”, que en
cierta época, ya pasada tuvo una gran importancia. Ya había pasado la Guerra
Civil, y la juventud la gente normal,
necesitaban conocer la actualidad política, como los deportes y toda clase de
noticias mundiales. Los chavales de 14/15 años y resto de aficionados,
necesitábamos saber, sobre todo de las incidencias del futbol en particular. Y el periódico Marca lo ofrecía bastante bien, en sus reportajes. Pero, había ¡Un Pero!... Teníamos que madrugar, y
esperar a que el Sr. Moreno pusiera
en venta los ejemplares, que se acababan en menos de una hora, haciendo cola El lector más madrugador conseguía
un solo ejemplar del periódico Marca, y “devorar” lo acaecido en Primera, y Segunda División de futbol
sobre todo. Al lector de hoy le parecerá una tontería… Una pamplina… ¡Pues
no! ¡Esto era muy serio!... para
aquellos aficionados. Era una época en B/N,
de recuerdos aciagos; escasez de alimentos, Cartilla de Racionamiento, Lutos y…
Penurias después de haber pasado una terrible Guerra fratricida.
Un mensaje a mis lectores… Y es que ¡Necesitábamos olvidar!...
¡Necesitábamos también crear un Por-llegar!
Y la lectura; así como el deporte, nos ayudaban a soñar… con ese porvenir.
Por esa década de los
años cuarenta, el futbol en Cabra,
como en toda la comarca, tenía una gran importancia para toda la sociedad y nos
hacía felices.
Que yo recuerde, en Cabra se han dado muy buenos dibujantes que han dominado el arte de la caricatura. Desde inicios en mis estudios en el Instituto “Aguilar y Eslava” en la Preparatoria con D. Francisco Molina, me entusiasmó estos dibujos que con pocos rasgos definen a la persona que se quiera representar…
Tenía un amigo desde la niñez, que sí tenía ese arte, que competía con él para ver lo que creíamos podía ser una caricatura. Este buen amigo se llamaba José Manuel Serrano, que al cabo de los años fue un gran escultor.
Había una Peña de amigos algo mayores que yo, se reunían en la Taberna del Cuqui, en la calle de la Plaza, y yo siempre que iba allí a tomar unas copas, me pasaba un rato contemplando un cuadro de un numeroso grupo de esa Peña. Estaban caricaturizados de forma magistral… Uno por uno, los allí representados tenían, no solo sus caras… sino sus normales expresiones.
En el Centro Filarmónico, en la Repostería había otro cuadro del mismo artista, que también reflejaba la imagen del repostero Juan de Dios Barranco, del conserje Lorenzo, del simpático camarero el Pichi, y… de un chavalillo con cara de “pillo” de la extensa familia de los Cañeros, que expresa asombro de lo que está ocurriendo.
Todas estas caricaturas eran de un malogrado artista egabrense, se llamaba Francisco Madueño Arroyo, tenía vocación de bohemio, como la mayoría de artistas.
Se marchó a Madrid. Allí lo vi… por última vez por los años 50. Tomamos unos vinos en una Taberna cercana a la Puerta del Sol, detrás de la Dirección General de Seguridad. Y cosa curiosa, allí me decía que pagaba sus consumiciones con dibujos.
Yo en mi modesta condición de aprendiz de dibujante, también hice mis “pinitos”. Recuerdo de un Concurso de Pintura, que se celebró en Cabra en los años 50, bajo el mandato del Alcalde D. Luis Cabello Valnereau, que se expuso en los Grupos Escolares, hoy Colegio de EGB Ntra. Sra. de la Sierra. Yo expuse varias caricaturas y me las premiaron. Un sobre con dinerito.
Las caricaturas las reproduzco a continuación:
JOSÉ ROLDÁ URBANO
RAMÓN FATTA DINYULI
Pero al gran caricaturista de nuestro pueblo, sin duda de ninguna clase, fue un gran Médico de familia, especializado en salvar la vida de nuestros pequeños, Don José Luis González-Meneses. Se pude decir que su obra tan completa, se puede admirar en el Libro que otro artista de Literatura don Juan Soca, que la editó, con título de “Perfiles Egabrenses”.
Retrató de forma magistral con su pluma, a los personajes más signficados de nuestra ciudad, su ágil dibujo, con poquísimos trazos plasmó, no solo la figura, sino la personalidad. A continuación… les expongo algunas de ellos. De los que recuerdo por su fisonomía, a la mayoría no tuve el gusto de conocerlos por mi poca edad, pero me constan que los parecidos son asombrosos.
Me pongo en marcha… “pincho en la tecla del PC” y recuerdo...
En principio, comienzan a pasar rápidamente las hojas de mi calendario personal…y se paran en el año 1936/1937.
Lugar Cabra (Córdoba), más concreto en la antigua Ermita de Santa Ana, allí se encuentra la Virgen más guapa del mundo, nuestra Señora de la Soledad y Quinta Angustia. Ya tengo los datos precisos para situar la primera de mis vivencias de la Semana Santa.
Desde muy pequeños, nuestros padres nos inscribieron a mi hermano Manolo y a mí en la Real Archicofradía de Ntra. Señora de la Soledad, y puedo asegurarle a mis amables lectores que lo sigo siendo hasta hoy… abril del año 2022…
¡Cuente, cuente, son ya noventa años!. ¿Qué recuerdos tengo de aquella época?... los propios de dos chavales de seis y ocho añitos, los que teníamos mi hermano y yo.
Cuando íbamos desfilando hasta el domicilio de entonces los Hermanos Mayores... Para organizar el comienzo de la procesión del Sábado de Gloria. Ahora se le llama de Sábado Santo.
Recuerdo a los señores don Carlos Escofet Espinosa y a don Manuel Piedra del Real. También me quiero acordar de hermosos Septenarios a la Virgen, en la última semana antes de Semana Santa. Y de la casa de mis padres la conocida Fonda Guzmán, donde se les facilitaba sillas a toda persona que la requería para poder sentarse durante la solemne función.
En ella actuaba siempre nuestro Centro Filarmónico Egabrense de forma magistral y con la intervención de cantantes locales, uno era conocido como “Fleta” y por “Villalón” y, como no, la preciosa voz de Carmelita Moreno Vázquez.
De este tema de las sillas, yo era el encargado de recogerlas, una vez finalizada la función religiosa y al salir el personal se despedían y me decían: ¡Gracias Rosa!
Una posada de la época en cualquier lugar de España.
Estos establecimientos, por los siglos XVII al XIX y
mediados del XX eran muy estimados por personas
trabajadoras en general, sobre todo porque cubrían la necesidad perentoria, en
cuanto a hospedaje del viajero de trasladarse de un punto a otro de la
península, puesto que viajaban con animales de carga, y los citados establecimientos
llamados POSADAS cubrían estos
servicios.
Disponían de cuadras, pesebres y abrevaderos en óptimas
condiciones para poder alimentar a sus animales e igualmente habitaciones para los
mismos y… a precios módicos.
La entrada a los mismos eran amplios portalones, para que
pudiese entrar sin dificultad, además de las caballerías;… carros y carretas.
Los suelos solían estar empedrados para el normal caminar de los animales y el
desgaste de los suelos con aquellas llantas de acero de las ruedas de madera de
los carros.
Si la memoria no me falla, creo recordar que en Cabra
había tres de aquellas posadas.
Dos en la calle de la Plaza
de Abastos, en la actual calle Redondo Marqués, a la altura más o menos del Supermercado Óptima,
o… del Callejón Comercial. Y hasta hace poco tiempo estuvo el Mercadona. Casa
arriba o casa abajo. También cerca de la conocida como la Taberna de Alcántara,
uno de los familiares, era Vicente, de mi misma edad, más o menos, que cantaba flamenco
como los ángeles.
La taberna era frecuentada por la muchísima gente que pululaba
por el Mercado Municipal, en aquellos años que la abundancia no era palabra de nuestro diccionario.
Todavía me viene al recuerdo, su enorme cafetera de brillantísimo cobre, frente a un viejo mostrador
de madera. Los vasos de café y de manzanilla salían de su “tripa” con gran
rapidez.
En una de estas Posadas tenía un buen amigo de mi edad, de
unos 12 o 13 años, entonces éramos alumnos de Termens, no recuerdo su nombre. Por ello yo
iba allí con bastante frecuencia. Y me gustaba el trajín que siempre había,
cargando o descargando en aquellas ejemplares de mulas, o… de pequeños
borriquitos parecidos a los que narraba de forma magistral el Nobel de
Literatura Juan Ramón Jiménez, en su inmortal obra…”Platero y yo”.
La otra posada que recuerdo se encontraba en la calle San
Martín. Por debajo de la Panadería de unos buenos amigos, la familia Buil, y del
recordado Carlos Buil, como de su esposa Rosarito Lopera, que era íntima de mi querida
Otilia. También quiero recordar que frente
a esta Posada, se encontraba, subiendo la calle: Fotos Calvo, así como la
Relojería de Valero; la casa de doña Aurora Camacho y la de don José Garrido
competente dentista.
Para que el lector se pueda situar mejor, volviendo a mi
memoria de los años cuarenta y cincuenta.
En la acera en la que estaba ubicada la Posada, comenzando por la esquina de
arriba: Establecimiento de la tienda de “Los Madrileños”, a continuación: La casa
de la familia Buil, la casa de la familia Montes que poseía un maravilloso
jardín, y a partir de ahí el gran portalón que daba entrada a la Posada de la
que formaba una parte del mismo, el Taller de Bicicletas de Daniel Verdú, de
esta saga familiar cariñosamente llamada de los “CHÉS”.
Algunos de estos recuerdos me los ha aportado mi amigo
Manolo Escudero Valera, a mí se me había olvidado en parte. Algo más bajo de la
Posada: La Farmacia y Droguería de Ortiz Lama; la casa de los Benítez Cubero,
una de las fachadas más bonitas de Cabra, obra del Tallista y Escultor Manuel
Sotillo, de Madrid; la Confitería de Rafael Fernández Ávila; el INE o Caja
Nacional, el padre era el Inspector Médico de esta entidad. Manolo vivía por
esos años, como decía, de frente a la Posada,
en un piso de arriba de Fotos Calvo y vemos que también tiene buena memoria.
Me ha recordado a un personaje muy relacionado con la
Posada, era elCojo Mora. Limpiabotas
de profesión. Al parecer formaba parte del personal del establecimiento, como
portero o el encargado abrir y cerrarla o… de poner el orden a la entrada y a
la salida de arrieros en la Posada. Era un vejete muy vivo, con una pierna
“engarrotada” a su única muleta de madera. Era capaz de correr a 40 kms hora.
Había por ese tiempo otro cojo famoso… el llamado Cojo Motas, era vendedor de “chuches”
en la misma calle de San Martín. No tenía piernas, las dos ya cortadas entraban
dentro de un enorme zapatón que le servía de soporte.
Y aquí rezumo el recuerdo de estos antiquísimos
establecimientos llamados: Fondas, posadas,
postas, alberques, que cumplieron con el noble trabajo de dar “posada al peregrino”.
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Por último, recuerdo otras Posadas. Una que llegó a estar activa hasta
los años 1970, estaba en Lucena, cerca
del El Coso, en un rincón del mismo. A mi entender la más grande que he
conocido, con un gran trajín. Y otra en Córdoba capital…pero esta ya es historia… ¡La Posada del Potro!.
Recordando y…recordando… Me viene a la memoria cuando yo tenía doce o trece años, que vi en Cabra dos espectáculos que no olvidaré. Teniendo en cuenta que a este pueblo han venido los mejores espectáculos que se paseaban por toda España, tanto taurinos, como de teatro, así como grandes zarzuelas, flamenco, etc., etc.
Pero a los dos que al principio cito, no los he vuelto a ver y uno de ellos lo presencié en nuestra centenaria Plaza de Toros, y llevaba por título la “Miss Quincy”.
Aquel memorable espectáculo consistía en lo siguiente: En el mismo centro de la Plaza se erguía una altísima escalera, que calculo, tendría unos 25 o 30 metros de altura. Cogida con unos fuertes vientos en varios de sus lados. En la cumbre de la misma había una plataforma y un trampolín.
Era tan alta que sobresalía de la Plaza de Toros. Daba miedo, parecía tocar el cielo. Al pie de la misma una pequeña piscina circular, que podría tener unos 3 metros de diámetro por 2 metros de altura, llena de agua y… con estos útiles...
¡¡Comenzaba el espectáculo!!.
Los espectadores preferentes, en sillas, y alrededor de esta pista en forma circular en varias filas de ellas. En las gradas de la plaza los espectadores que pagaban un menor precio. A los sones de una música de acordes circenses, aparecía una bella señorita en bañador, con una capa por encima de sus desnudos hombros.
Antes, los ayudantes habían rociado el agua de la piscina con latas de gasolina o petróleo. La joven bañista se acerca al pie de la escalera, se quitaba con parsimonia la capa, y comienza a subir muy despacio por aquella altísima escalera, todo muy pausadamente…
En pocos minutos llega hasta la altura del trampolín y saludaba al público que la mira expectante y que la contemplan en silencio y embargados de temor...
Un redoble de tambores... aviva el suspense. Entre tanto se apaga la luz en toda la Plaza, los ayudantes prenden fuego al agua de la piscina y…. ante este panorama fantasmagórico con un solo foco, que ilumina a la bañista.
Transcurridos unos minutos, la bella señorita se lanza al vacío de cabeza y cae espectacularmente en el agua con el fuego intenso de la pequeña piscina... ¡E inmediatamente , sale hacia afuera entre agua y llamas!.
La señorita Miss Quincy emerge en el agua alzando la cabeza sonriente. El público entusiasmado premia a la artista con fuertes aplausos y respirando los espectadores, ya tranquilos, las luces se encienden.
Sale del agua la señorita Miss Quincy y entre la ovación del público, saluda y termina el espectáculo.
El otro gran evento de mi recuerdo se daba en el desaparecido Teatro Principal de la Empresa Guerrero. Se trataba de un bonito número de animales amaestrados y que se titulaba, si mal no recuerdo: ”Los Perros albañiles”.
En él unos cuantos perritos de diferentes razas y tamaños tenían que construir la fachada de una casa con ladrillos, que al parecer eran de goma o de otro material parecido.
La actuación consistía en que los perros iban acarreando los materiales, mientras otros los transportaban en varios carritos, de uno a otro lado del andamio y los iban colocando apilados con la forma de la fachada de una casa. Con puertas, ventanas, rematados por un tejado.
De pronto ocurre algo inesperado. Un pequeño perrito cae del andamio, al parecer mal herido y queda tendido en el suelo, inmóvil… Los compañeros acuden en su ayuda, y de pronto se presenta un carro tocando una campanita… Era una Ambulancia, en la que perros enfermeros suben a la misma al perrito herido y… se supone lo llevan al hospital “Perruno”.
De esta forma se terminaba este divertido espectáculo, con el aplauso de un público totalmente entregado, a unos perritos que estaban maravillosamente amaestrados, y que nos han tenido totalmente entretenidos y maravillados, haciendo su trabajo como verdaderos profesionales.
Hace muchos años, terminada la Segunda Guerra Mundial, unos pocos años después de finalizar nuestra Guerra Civil española y en unos momentos en que nuestro país estaba en plena bancarrota y todo era pobreza, hambre y escasez de todo; la Iglesia y los mandatarios de entonces creyeron oportuno evangelizar masivamente a la ciudadanía con las llamadas MISIONES...
Según he podido leer después, se trataba de un proyecto destinado a restablecer la unanimidad religiosa de la sociedad española y a eliminar el proceso de secularización de las políticas laicistas desplegadas durante la II República. Y uno de los instrumentos más destacados de ese proyecto serían las MISIONES, conocidas en la terminología eclesiástica como "las misiones populares".
Durante un congreso de misioneros celebrado en el Santuario de Loyola en 1956 se definieron las MISIONES como actos extraordinarios del apostolado de la Iglesia, realizados por Sacerdotes especializados, enviados a los fieles de una o varias Parroquias por el Obispo y los Superiores de la Comunidad, para promover la salvación y la santificación de los pueblos, por medio de la predicación, de los Sacramentos y de la oración colectiva.
En ese contexto llegaron las MISIONES a Cabra... Recuerdo que a nuestro pueblo llegó un grupo de sacerdotes de la Orden de los Redentoristas, que procederían de Granada y con el objetivo de que el pueblo en su conjunto fuera re-evangelizado. Para ello en las diferentes Parroquias se concentraron por grupos, e impartían sermones dos o tres de estos sacerdotes. Entonces, lo normal era predicar desde lo alto de púlpitos que todos los templos tenían. Hoy está práctica está en desuso o sencillamente han desaparecidos estas cátedras.
En las mañanas a horas muy tempranas, creo recordar, ya que era casi invierno, se organizaban unas concurridas procesiones en las que no se llevaban imágenes, tan solo con una Cruz a modo de cruz de guía y tras la que se rezaba el Santo Rosario con los concurrentes en fila, a uno y otro lado de la calle. Durante estas procesiones también cantábamos unas canciones que aprendimos para la ocasión y de las que recuerdo alguna estrofa:
-Sálvame Virgen María… Óyeme te imploro con fé… Mi corazón en tí confía… Virgen María sálvame... Virgen María sálvame… Sálvameeee...
También por la tarde-noche, algunas veces se repetían los rosarios en las iglesias. Eran concentraciones de fieles verdaderamente multitudinarias, entre cánticos y rezos interminables, en más de uno de aquellos rosarios populares, incluso llegábamos hasta el Cementerio.
Aquellos misioneros demostraron que eran verdaderos especialistas de la oratoria, y recuerdo que los curas redentoristas se presentaban distintos en su vestimenta por el “bonete” o gorro que llevaban. Y la verdad es que los sermones que impartían eran extraordinarios discursos totalmente convincentes que movían la fe y el sentimiento popular...
Recuerdo a uno de aquellos predicadores, el Padre Mayo, que verdaderamente tenía un “piquito de oro”. Tan buen recuerdo dejó, que años después algunas cofradías egabrenses lo reclamaron para los sermones en los Triduos y Quinarios.
Han pasado muchos años de la MISIONES, y ahora caigo en la cuenta que el reclamo por el que nos llevaban a los feligreses a participar en ellas era una mezcla de curiosidad y un inexplicable miedo a un castigo divino. No podemos olvidar el sentimiento colectivo de culpabilidad en la sociedad de entonces como consecuencia de las pasadas guerras, tanto la nacional como la mundial.
Después he sabido que las MISIONES de los años 50 ocuparon un lugar destacado en la historia religiosa del período franquista, que llegaron a un gran número de localidades, a un importante número de españoles y que constituyeron un instrumento de la jerarquía eclesiástica en su proyecto de resocializar a la población española en los valores católicos en la posguerra.
La despedida de las MISIONES en Cabra fue verdaderamente masiva y… la verdad es que la asistencia a todos los actos que convocaron también lo fue.
Recientemente he visto en “Cabra en el Recuerdo” una fotografía en la que se puede comprobar el enorme poder de convocatoria que tuvieron las MISIONES en Cabra...
Es verdad, no sé porqué que este pequeño o gran
artilugio, ha sido una constante en mi
vida, por otra parte sencilla y sin complicaciones, y por eso creo que … es
curioso este relato. Por ello mi sincero deseo de ofrecer su lectura a la benevolencia
de mis amables lectores.
La primera vivencia la recuerdo por los años
40, cuando estaba en el Instituto “Aguilar y Eslava” estudiando aquel Bachillerato
de siete cursos más la temible Reválida. En ese tiempo la persona encargada del mantenimiento del reloj de la Parroquia, era
la Relojería Valero, de la calle San Martín.
Uno de los
hermanos Valero era bastante “amiguete” mío. Me esperaba a la salida de clase, acompañado
de otro buen compañero llamado Manuel Martín Hurtado el Torreño. Nos gustaba
irnos con él a la Parroquia de la Asunción y Ángeles para darle cuerda al Reloj que entonces había en lo alto de
la torre. Creo que era semanalmente… o quizás cada diez días.
Este pequeño acontecimiento era una gran
aventura para mí, un chaval de entre 13 y 14 años. El hecho de poder subir a lo
alto del hermoso campanario de mi pueblo y contemplar, desde esa altura su
bella panorámica, me hacía sentir como si lo estuviese viendo desde un avión.
También se divisaba parte de la comarca y disfrutaba con la grata compañía de
estos dos amigos.
Esta torre, en tiempos de nuestra Guerra
Civil fue “Refugio” contra los bombardeos por aviones de la República. Aviones que
sumieron al pueblo de Cabra en una tragedia. Era el mes de noviembre de 1938,
causando un irreparable dolor. Con la pérdida de más de cien muertos y
doscientos heridos.
A continuación podrán ver un vídeo con un “retoque de
campana” que hice “in situ” en el año 2000 cuando ese repiqueteo era manual… Y no en “conserva electrónica como ahora”!.
Dos hijos del recordado Francisco Muñiz
Canela “El Campanero”… fueron los que
ofrecieron el último repique de campanas
al pueblo de Cabra, el mismo Día del
Corpus del año 2000. (Juan de Dios y Pedro).Por cierto que Juan de Dios,
familiarmente conocido como Juande, es el marido de Nuria, la menor de mis
hijas.
Esta otra
vivencia que os relato a continuación, también ocurrió en esos años lejanos de
1940. Mi familia residía en la ciudad de Tánger, ello durante la Segunda Guerra
Mundial, y… en aquellos tiempos los judíos ya estaban perseguidos por los nazis
en los países de Centro-Europa.
Los judíos polacos, sobre todo los
comerciantes, huían de ese terror y llegaban a Tánger, que era entonces una
ciudad internacional. Venían cargados de mercancía, entre ello cantidad de Relojesde pulsera, que los vendían ¡por
kilos!... así como las máquinas de escribir.
Tanto era así, que casualmente
alguien de mi familia vino a Cabra en una de sus frecuentes visitas. Estos
viajes los aprovechaban para traernos cosas que no había en España. Pues en
esta ocasión entre todas esas cosas que nos trajeron, venían unos cuantos relojes de pulsera, unos siete u ocho, todos
preciosos. Supongo que serían poco más de medio
kilo. Yo no pude quedarme con ninguno, por ser el más pequeño de mis
hermanos (tendría aproximadamente unos siete años). La verdad es que sufrí un
gran desengaño. Sin embargo mi hermano Manolo recibió uno. Yo, de vez en cuando,
le decía ¡Manolo,préstamelo para que me lo ponga un ratito!
Esta otra historia me
ocurrió en la Estación de Ferrocarril de Tetuán (Marruecos), por los años 50 ó
60. En España seguía habiendo pocas marcas de relojes y los que había eran
además bastante caros. En el Protectorado Español y en Tánger, por el contrario
valían baratos, sobre todo en los establecimientos de indios y de judíos. Siempre
que yo venía a la Península, me traía de allí uno puesto, y otroescondido.
Esta vez traía uno,
marca EDOX, para un
buen amigo llamado Antonio Luna Pérez. Lo metí en mi cartera de piel labrada
marroquí, en el bolsillo trasero. En la Aduana de la Estación de Tetuán, antes
de subir al tren, un funcionario, por cierto era nativo marroquí me hizo un
registro exhaustivo. A parte de la maleta que era lo habitual, este tipo me
cacheó por todo el cuerpo, lo que no era normal. No me quedó parte alguna sin
registrar.
Al quitarme parte de
ropa, puse la cartera encima del mostrador de la Aduana. De haber encontrado el
reloj, seguramente me lo habrían confiscado y además me habrían puesto una
multa considerable, de aproximadamente varias veces el valor del objeto.
En el año 1956 me casé en Madrid. Tras la
ceremonia en la Iglesia de San Pelayo, se celebró el desayuno de boda, que era
la costumbre en esa época. Después nos hicieron el reportaje fotográfico. Por
cierto, que el fotógrafo era muy renombrado en Madrid y tenía el estudio en la
Puerta del Sol.
Mi taxista en este
importante evento era mi amigo el poeta Manuel
Ruiz Madueño “el Cordobés” que, antes de ser taxista, fue un fotógrafo
ambulante.
Mientras esperábamos
en dicho Estudio de Fotos esperando en su terraza pacientemente. Momento que fue
aprovechado por Manuel para hacernos un par de fotos de otro reportaje de la
boda y en el exterior, con su máquina fotográfica. Como fondo… el famoso Reloj que vemos en las Campanadas de Nochevieja desde hace ya
muchísimos años.
En el año 1994 estuvimos en Francia mi esposa
Otilia y yo, visitando a mi hija Ori su marido y… mi nieta Marina. En ese
tiempo su esposo trabajaba en el Centro de Investigación del INRA, en Jouy-en-
Josas, muy cerca de Paris. Hicimos una excursión al Monte San Michel en el
noroeste de Francia. Uno de los lugares más turísticos y visitados del país
vecino.
El regreso lo hicimos
pasando por Rouen. En esta ciudad está el “Gros-Horloge…
o Gran Reloj”. La calle donde se encuentra tiene un encanto
sobrecogedor. El reloj está bellamente decorado y… se encuentra sobre un
campanario gótico. Su mecanismo es de los más antiguos de Europa, y curiosamente,
en la actualidad todavía se encuentra en
total funcionamiento. El resultado es una
obra de arte de incalculable valor, belleza y antigüedad, ya que data de 1400.
A mí, de siempre me han gustado mucho los Relojes, como los lectores habrán
podido comprobar. Sobre todo me fascinan los de bolsillo, con cadena, aquellos
de la marca Roskopf Patent, con los que nuestros mayores adornaban su vestimenta.
En especial me llamaba poderosamente la atención la cadena dorada que lucía
sobre el oscuro chaleco de algunos de ellos.
Mis hijos, Salva y Oti,
aprobaron ambos sus oposiciones en el año 1985, uno como Profesor de Instituto
y la otra como Maestra o profesora de EGB. Ante la satisfacción de este hecho
me regalaron un reloj de bolsillo precioso,
dorado y con cadena que colmó mis ilusiones. Me quedé encantado. ¡No era de
esta marca ni mucho menos! Era un poco
más pequeño, pero para mí fue algo especial. ¡El mejor de mis relojes!
-Pero… no sé cómo, en
uno de los traslados de vivienda lo perdí… Sí, sí lo perdí y… no sé cómo. No he
encontrado ninguna explicación razonable. Fue una fatalidad, pero la verdad es
que me quedé sin él para siempre. ¡Una verdadera pena!
Termino este relato, confesando mi vinculación y fascinaciónpor este pequeño gran objeto, medidor del paso del tiempo pero
lamentablemente, incapaz de retenerlo.
Y aprovecho, además, para agradecer a todas las personas que me habéis expresado vuestras condolencias por el reciente fallecimiento de mi querida esposa, Otilia Moral Arévalo. En mi nombre y en el de mis hijos gracias a todos...
“Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para el hombre.”