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lunes, 10 de julio de 2017

CINES DE VERANO EN CABRA




Hoy quisiera hablarles de los antiguos cines de verano que han pasado a la historia de nuestro pueblo. Para ello nos situaremos en la primera mitad del pasado siglo XX… allá por los años 40.

En esos años conocimos el “Cine Plaza de Toros”. Aquel era un cine muy especial, que se inauguraba poco antes de las “Fiestas de San Juan”, que tanta resonancia tenían entonces a nivel popular. Yo conocí a varios de sus empresarios, ya que normalmente eran los mismos que regentaban las salas de los cines de invierno, que arrendaba a la misma empresa de las fiestas taurinas. 

En aquel cine, la gran pantalla se colocaba más o menos en el centro de la plaza y frente a ella se disponían numerosas sillas plegables, como el patio de butacas en las salas de invierno. Y aunque el precio de la entrada era popular, aún era más económica la de los asientos situados en el tendido. Y la cabina de proyección se encontraba en la zona de toriles, en el lugar donde ahora están situadas las barandillas y los palcos.

Que yo recuerde, el empresario más antiguo de aquel cine debió de ser la Empresa Guerrero, la misma del Teatro Principal. Y su operador principal era una buena persona que tenía un mote muy característico, le llamábamos “Majote”. Recuerdo vivamente que cuando había se producía un fallo en la proyección de la película, algo muy habitual, se producía a unísono un griterío monumental que coreaba aquel nombre: “MAJOOOTE”… ”MAJOOOTE”...

El ayudante de aquel sufrido operador de cinematógrafo, era mi querido y recordado amigo Joaquín Muñiz “Marzo” que le luego sería el gran operador de cine, que conocimos todos y del que un día recordaré largo y tendido.

Entre las películas que hacían furor en aquellos años y que recuerdo… GILDA, de la inolvidable Rita Hayworth, que por esos tiempos de máximo control eclesiástico, se consideraba una auténtica película “porno”… y todo por le escena de desquitarse su famoso guante negro. Se contaba, que los jóvenes de Acción Católica, se ponían en la puerta de entrada del coso taurino para evitar y convencer que no entráramos a los chavales más liberales.


Otra película que también fue muy comentada y celebrada fue… los “TAMBORES DE FU MANCHU”, que recuerdo se componía de tres partes: “Los Tambores de Fu Manchú”, “Fu Manchú ataca”, y el “Retorno de Fu Manchú”.

Series de películas como ésta nos volvían locos a los chavales de mi edad y sus personajes muy comentados entre nosotros. Entre la chiquillería, despertaban gran interés unos guerreros, más que malos, que se llamaban los “dakois”, esperábamos sus capítulos con enorme expectación.

Para animar al público hasta que se llenaba la plaza; los promotores del Cine Plaza de Toros inventaron que un día de la semana, con la localidad, se repartía un boleto con un número, que entraba en un sorteo de un hermoso pavo. Las sillas del ruedo, que eran las más caras, casi nunca se llenaban, pero el tendido... ¡se ponía de bote en bote!.


Más adelante, allá por los años 1950, se abrieron varios recintos que proyectaban películas de cine en los veranos, lo que fomentaría una mayor competencia. Recuerdo el cine que se inauguró en el actual edificio del hoy Centro Filarmónico Egabrense, creo que su propietario fue la familia Galisteo. No sé los años que duraría aquel local, pero no fueron muchos. Era muy bonito, no demasiado grande, pero sí recuerdo que era muy cómodo. Se componía de patio y una terraza como visera, y quiero recordar que el nombre de este Cine era “Ideal Cinema” (este dato me lo ha corroborado recientemente nuestro amigo Rafa Luna).



Imágenes facilitadas por Antonio Muñiz Mesa

Otro de los clásicos cines de verano en Cabra, sería el enclavado en la calle Santa Ana y de ahí tomaba su nombre. Tenía la entrada por esta calle y la salida por la calle Almaraz. Un gran local que resultaba muy cómodo, allí se proyectaron películas muy interesantes de la época, y pasó como con el cine descrito anteriormente, que tuvo pocos años de vida.

Aunque uno de los cine de verano por excelencia y de los que más gustaban a los egabrenses, sin duda fue el “Jardín Cinema”. Su enorme recinto hacía posible que los espectadores, además de estar sentados cómodamente en sus sillas, pudieran tener delante un velador y degustar las buenas tapas y bebida que ofrecía su acreditada repostería. Y disfrutar de una buena película y la frescura de la noche, en aquellos tórridos veranos, con la mucha o poca familia que tuvieras, incluso con un bebé en su cochecito, como era en mí caso. El Jardín Cinema, como muchos recuerdan, estaba situado, en lo que hoy es el conocido supermercado “Mercadona”, con entrada por la calle Priego y salida por la calle del Río. 


Y por último, el otro gran cine de verano, probablemente el que tuvo una mayor aceptación entre los aficionados al buen cine en Cabra, “El Cine España”. Este cine se encontraba junto al “Parque Alcántara Romero”, en la actual calle García Lorca. Sería el último de los que dieron funciones de películas las noches de nuestros calurosos veranos. Pero los precios millonarios alcanzados por esos hermosos solares para la construcción de viviendas, en aquella época de la locura de “ladrillo” favoreció inevitablemente su desaparición. 

En la actualidad, después del cine de verano que se instalaba en el patio del Colegio de Ntra. Sra. de la Sierra, también junto al Paseo, y como mis lectores sabrán, disponemos de un coqueto cine de verano en el llamado “Teatro Jardinito”, el cual no tiene nada que ver con aquellos nostálgicos recintos veraniegos, de lo que tenemos unos preciosos recuerdos, pero, al menos, conserva esta tradición.

Los que peinamos canas o aquellos que se lavan hermosas calvas, todos… todos, echamos mucho de menos aquellos cines de verano. ¿Por qué será…?











viernes, 30 de junio de 2017



Mi querido profesor de Geografía e Historia en el Instituto Aguilar y Eslava de Cabra fue don José Arjona. Lo recuerdo como una persona entrañable; siempre amable en su trato con sus alumnos, a pesar de que éramos unos “pequeñajos” de doce o trece años, pero que él trataba como personas adultas.

Sus clases eran de lo más amenas en el Instituto-Colegio; poco a poco nos iba adentrando en su historia que era la nuestra, la de la España, aquella España en la que no se ponía nunca el sol, la de batallas, héroes y descubridores. 

Aunque a mí personalmente, más que la Historia me gustaba la Geografía, viajar por el mundo con la imaginación. Y me encantaba… que casi nunca preguntaba en clase, cosa que, para un niño como yo entonces, era de agradecer.

Han pasado muchos años de compartir momentos con el profesor Arjona y hoy me pregunto... ¿cómo era realmente don José?. La respuesta a esta valoración personal la encuentro en una semblanza que con ocasión de su fallecimiento le hace el entonces semanario local “El Egabrense”, que nos cuenta lo siguiente:

“La Enseñanza en Cabra está de luto, hace cinco días escasos que don José Arjona y López, profesor de Geografía e Historia se ha marchado para siempre. 

Hablar de él, es la síntesis de una época, ya histórica, del Instituto “Aguilar y Eslava” y del “Real Colegio de la Purísima Concepción”. Porque don José fue un gran trozo de su vida, que comenzó siendo un alumno becario, posteriormente regente, luego fue profesor, consiguiendo cátedra y llegó a director, viviendo sus problemas desde el más modesto puesto hasta llegar a regir sus destinos.

Recta y limpia fue su trayectoria y de una vida dedicada a la enseñanza y para la enseñanza; pero fundamentada en un gran cariño y una entrega sin límites proyectada hasta su vida particular. 

Si enseñaba la Geografía, todos sabíamos de su entusiasmo por los viajes; y si era Historia… en ellos disfrutaba de nuestra riqueza histórica y monumental, que tan bien conocía; si se trataba de Arte, su máquina fotográfica o su tomavistas han sabido captar desde el tipismo de nuestra Semana Santa egabrense, hasta la majestuosidad de la Alhambra granadina.

Los que tuvimos la suerte y la dicha de oír sus doctas explicaciones sobre cualquier tema de las asignaturas que explicaba… no podemos olvidar la amenidad, ni la profundidad de sus conocimientos; de unas auténticas conferencias podrían calificarse cada una de ellas. on don José Arjona y López se nos ha ido un trozo de nuestra vida, de nuestra juventud y de nuestros afectos, pero nos queda la gran satisfacción de que allá sin duda en el Cielo seguirá explicando a los coros angélicos, como la auténtica belleza de la Purísima Concepción, Patrona de su Real Colegio”.

No se podría explicar mejor y me congratulo de coincidir en la opinión de que con sus explicaciones en clase, nos quedábamos auténticamente “embobados”. Aunque para boberías, las de algunos de sus alumnos, entre los que también me encuentro, de contabilizar las veces que pronunciaba la palabra “VERDAD”… un curioso latiguillo, con el que conseguía llamar nuestra atención en sus interesantísimas explicaciones. 

Y aún es más, recuerdo que a las clases de don José Arjona no le hicimos ni un día “rabona”, como era la costumbre de nuestra “panda”… ¿verdad compañeros de los cursos años 1942/1943 y sucesivos?...

Solo me resta para poder terminar este modesto recuerdo a uno de mis mejores profesores, saber que don José, en el más allá verá, que a pesar del tiempo transcurrido, algunos de sus alumnos todavía nos acordamos de él.


Quisiera aprovechar la ocasión para felicitar a su nieta, a nuestra amiga en “facebook”, PILI MO, por tener un abuelo de tan extraordinaria categoría humana. Además tengo unos bonitos recuerdos de su madre Pilar, que era de las jóvenes mas lindas de Cabra y de su tío Pablo, con el que compartimos juegos infantiles junto a otros chavales del barrio. 



viernes, 16 de junio de 2017

El Jumate


Hoy me viene a la memoria una historia de cuando éramos niños, allá por los años de 1939 al 45 más o menos. En aquellos años en Cabra había un magnífico industrial, muy trabajador y de una mentalidad muy moderna. Además esta persona de las que le hablo era un Agente Comercial muy calificado y fabricante de gaseosas. Su fábrica, de las más modernas de aquella época, estaba enclavada en la calle Muñiz Terrones números 2 ó 4.




Todas las personas de Cabra... algo mayorcitas se acordarán perfectamente de esta conocida industria.

Eran tiempos en los que en España las marcas de bebidas refrescantes como Coca-Cola o Pepsi eran para la mayoría algo que nos sonaba, poco menos que a chino. Sin embargo, Antonio Ocaña Ramírez, que era el dueño de la fábrica que les refiero, tenía una variedad de gaseosas verdaderamente magnífica: natural, naranja, limón y… aquí viene el objeto de este artículo, un refresco de su invención llamado ¡JUMATE…Mate del Paraguay!

En verdad les digo que era una gaseosa o refresco maravilloso, su sabor era un tanto extraño pero muy agradable al paladar, y es mas, yo diría que “enganchaba”, que gustaba, incluso más de la cuenta. Para mí, que la fórmula tenía mucho que ver con la conocida yerba de mate de los países sur-americanos, como Paraguay, Argentina, Uruguay o Chile.

Los chavales de aquella época lo pueden atestiguar, que uno de los placeres cuando llegaba la Semana Santa o las ferias de Junio y Septiembre era la visita a la Fábrica del señor Ocaña. Una cita obligada y en que degustábamos una o dos botellas de refresco … a precio de fábrica, por una o dos “perras-gordas”, de aquellas de cobre que no eran “moco de pavo”. 

Para mí, de todas las bebidas egabrenses de Ocaña, el referido Jumate, era mi preferida. Y hasta había una melodía para la promoción de esta exquisita bebida, según me cuenta su sobrina Sole...

También me viene a la memoria la existencia de unas curiosas gaseosas que llamábamos de “bolilla”. Estas bebidas se presentaban en unas botellas cristal, que en el cuello tenían como un estrangulamiento, y dentro una pequeña bola de cristal que con la presión del gas del refresco cerraba de forma hermética el envase. Para abrirlo, se introducía el dedo y presionando hacia abajo se desbloqueaba. Un invento muy original y, que entonces me parecía, de bastante acierto. Otro envase muy empleado en esa época era el sifón que contenía agua de seltz.


Para su sobrina Sole Murillo Ocaña, un cariñoso saludo de mi parte a ella y a su esposo, mi buen y viejo amigo Pepe Rodríguez de la Rosa, herederos de aquella nostálgica época, que parecetan lejana en el recuerdo.


Aquel producto que conocimos como JUMATE era, además de una bebida muy completa,  que contenía en cantidades importantes, cafeína, antioxidantes, potasio, aminoácidos y vitaminas... algo que a día de hoy podríamos decir que sería interesante para la salud cardiovascular.

¡¡Así era el JUMATE del Sr. Ocaña Ramírez!!

Nota: La ilustración de la página de prensa sobre la bebida JUMATE, que se reproduce al principio  es gentileza de José Garrido Ortega, al que le agradezco su colaboración.


jueves, 15 de junio de 2017

D. Manuel González-Meneses Jiménez


Don Manuel González-Meneses Jiménez, fue un ilustre Catedrático de Matemáticas, además de farmacéutico. Nació en Almonaster la Real, en la provincia de Huelva en abril de 1883. De allí era su padre, director de Minas en aquella zona, pero cuando tenía pocos meses su familia se trasladó a Sevilla.

Dotado de una inteligencia extraordinaria terminó el Bachillerato con 13 años y la licenciatura de Ciencias Exactas con 18 años, con brillantes notas de sobresaliente. Obtuvo el número uno en las oposiciones para ser Catedrático de Matemáticas de Institutos, eligiendo Huelva como primer destino y donde estuvo durante tres años, y en octubre del año 1903,  vendría por traslado a nuestro Instituto de Cabra.

Convencido de que su llegada a nuestro pueblo sería una situación provisional y con el propósito de marcharse en el primer concurso de traslados que hubiera, aquel joven profesor de matemáticas quedo atrapado por el encanto de nuestro pueblo, y aquí se quedó para siempre.

En 1916, fue nombrado Director del Instituto y Rector del Real Colegio, cargos en la que desarrolló una labor brillantísima, que elevaron a estos Centros a una altura jamás conocida. Se reunieron hasta 240 alumnos internos. 

Tuvo la valiosísima colaboración de un plantel de eminentes catedráticos y profesores y con ellos participaba en frecuentemente conferencias científicas y de arte; se hacían excursiones instructivas; se cuidó la educación musical de los colegiales, con audición diaria de música clásica y moderna; se proyectaban semanalmente películas instructivas, de recreo; los alumnos se bañaban obligatoriamente cada semana; etc… 

Estos y otros modernos métodos didácticos, hoy son corrientes, pero entonces eran desconocidos en España al margen de la Institución Libre de Enseñanza en Madrid, de los que tomaba inspiración. 

A los 41 años de edad se hizo farmacéutico, curso la carrera por libre en tan solo dos años y abrió en nuestro pueblo una oficina de farmacia y un modesto laboratorio de especialidades.

Fue galardonado con la encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio, por méritos a la enseñanza.


Como aficiones cultivó el dibujo a plumilla, realizando obras verdaderamente maravillosas; tocaba el violón con una notable perfección; y en fotografía y en cine aficionado consiguió muy buenos frutos. Puede decirse que destacó como un maestro en todo lo que emprendía, pero por encima de todo, en todo lo que hacía ponía su amor a Cabra, donde falleció en febrero de 1946, cuando aún no tenía 63 años de edad.

Tuve el honor de recibir sus magníficas clases de matemáticas durante el primer Curso de Bachillerato, en el curso 1941/1942 creo recordar. Sus clases eran una gozada, tanto por su forma de impartirlas, como por el hecho de que nos contaba  historias o anécdotas que nos tenían “embobados” durante horas. En realidad aquellos relatos no eran de matemáticas pero se relacionaban, de algún modo con esta materia, que para mí resultaba bastante antipática, pero que con su forma particular de enseñar… eran de mi gusto.

Recuerdo sus costumbres o “manías”, como cuando fumaba en sus clases sus característicos cigarrillos. Hay que decir, que Don Manuel era un fumador de esos que se llamaban de “1ª División”…de tres goles… paquetes de tabaco, que me parece recordar eran de los llamados IDEALES, que venían liados y emboquillados. 

Don Manuel tenía la costumbre de liar encima de cada pitillo un papel de fumar, como si fuera una bandera y, a cada calada, lo miraba conforme se iba consumiendo… paladeándolo con mucha parsimonia y cuando esta banderita se quemaba, entonces, rápidamente, encendía otro cigarrillo.

Los chavales lo veíamos esto como una rareza, pero he pensado después que aquella rutina, quizás sería para evitar la “colilla”, que era creencia, de entonces, que tenía una mayor cantidad de nicotina. 

Don Manuel González-Meneses era un hombre de una inteligencia privilegiada, lo vemos en su biografía que he tomado del semanario “El Egabrense” que su sección dedicada a “Hombres y Mujeres de Ayer y de Hoy” relata detalles de su vida.

Y en mi memoria siempre recordaré su clase, que estaba en el primer patio del Instituto, entrando a la derecha y que ahora es el Patio del Museo. Y en este patio, se situaba también a la derecha, frente a la clase de Dibujo, de don Agustín Pérez-Aranda y el aula de Preparatoria de don Francisco Molina, ambos profesores de aquella añorada época.