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viernes, 6 de diciembre de 2013

LEPRA

 Pequeñas Historias del Marruecos Español (I)


Con esta pequeña historia inicio una serie de vivencias en el antiguo Protectorado Español en Marruecos por los años que van de 1950 a 1955, una vez terminado el servicio militar obligatorio que todos los españolitos de a pie teníamos que pasar, y que yo, particularmente, reconozco que no me pesa haber pasado.

Y es que una vez terminé aquel periodo militar, me quedé como residente en el antiguo Protectorado, que por entonces estaba convulsionado por la fiebre independentista marroquí. En aquellos tiempos los alauitas mantenían, prácticamente una guerra abierta con Francia en su zona, que como se sabe estaba casi unida a la zona española, pues solo nos separaba una débil frontera a la altura del Zoco Arbaa en la que yo me encontraba, concretamente en la ciudad de Alkazarquivir. Allí trabajé como administrativo en un negocio de hostelería y bajo el amparo de unos familiares que llevaban establecidos en Marruecos desde principios del siglo pasado, primeramente en la zona Internacional de Tánger, allá por los años 20, y posteriormente en la citada ciudad de Alkazarquivir.

Pues bien, volvamos a la historia... Estaba por esas fechas trabajando para las Auntoridades Militares en la Intervención de ciudad de Alkazar, como escribiente pero perteneciente al Cuerpo de Intervenciones Militares o Mejaznía Armada, que también se llamaba así, como personal militar pero en un trabajo de administración, que implicaba que no teníamos cuartel ni tampoco uniforme, aunque lo que sí teníamos era una bonita paga todos los meses, y un jefe superior, que en mi caso era un Comandante Interventor Comarcal.


Un buen día me asignaron un trabajo como ayudante de un médico de la localidad, que no era militar, llamado Dr. Pachón; un señor de unos 50 a 60 años, bajito, regordete y muy miope, a juzgar por las gafas de culo de vaso que llevaba. Entonces teníamos por misión efectuar un censo de musulmanes afectados por la terrible enfermedad del glaucoma, que como se sabe, sin atención médica, termina por desembocar en la ceguera total. Una ceguera que afectaba a una gran cantidad de nativos, así que este trabajo había de hacerse en todo el Protectorado. Nuestra zona abarcaba toda la comarca de Alkazarquivir con los poblados de T´lata de Raisana, Mexerá, Tatoof, Auámara y Alkazar ciudad. Pues bien, en este poblado citado de Auámara, poblado que en la Guerra de Marruecos, unos años antes, fue muy conocido porque hubo instalado un pequeño aeropuerto militar, nos encontrábamos trabajando en un pequeño edificio de una planta.

El Dr. Pachón, al cabo de un día, examinaba a una cantidad importante de pacientes, generalmente ancianos musulmanes, para detectarles la enfermedad de visión que tenían y de la cual que yo iba anotando en unos cuadrantes: nombre....edad.....sexo...etc., por cierto, que en el cálculo de la edad era muy curiosa la forma de determinarla, para ello nos basábamos en 3 o 4 acontecimientos importantes ocurridos en aquellas tierras, y que nos servían de referencia; por ejemplo: la Guerrra de Melilla..., la Guerra del 21..., la Guerra Civil Española...

A través de un intérprete indígena preguntábamos ¿qué edad tiene?.... y nos contestaban...- cuando la Guerra de España yo era “chivani” (viejo)- entonces yo calculaba si en el año 36 era mayor.... en el año 1953 tendría....75 ó 77 años (60 más 17). Otras decían: - cuando la Guerra de Melilla yo era una “laila” (niña)-, yo calculaba del 21 al 53 van 32 años más 10 que tendría como niña, pues....42 años; y así nos íbamos entendiendo.



Pero el caso curioso de esta pequeña historia fue que cuando el Dr. Pachón se encontraba examinando a una anciana musulmana que era totalmente ciega, pues el maldito glaucoma había hecho presa en ella, cogiéndola por un brazo el médico me dice - mira Salvador este caso -y con un alfiler grande, más bien un fino estilete, le atravesó la piel, de parte a parte, y la anciana ni se inmutó. Volvió a pincharle de nuevo y le preguntó......- le duele....... y respondía la vieja mora- nada –. Entonces el Dr. Pachón me miró y me dijo: - Mira Salvador, esto es un claro ejemplo de lepra-. A mí, se lo pueden imaginar, se me encogió el alma. Pues ya sabemos la aprensión y el miedo que produce esta enfermedad bíblica, que ahora en la actualidad no causa tanto sobresalto a causa de los avances médicos, pero que hace cincuenta años, todavía entonces era terrible.

Ver directamente un caso de lepra, me causó una honda impresión y la verdad es que esta anécdota ocurrida hace ya algún tiempo, no se me olvidó nunca. Esta y otras pequeñas historias son las que les contaré en próximos números, que por ser curiosas y estar vivas en mi memoria, me resisto a que pasen al olvido.


Salvador Guzmán Arroyo

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