jueves, 14 de septiembre de 2017

Don MIGUEL RUIZ BALLÓN, un profesor genial...


Don Miguel Ruiz Ballón era un profesor genial del Instituto Aguilar y Eslava de Cabra. 

A don Miguel todos sus alumnos le teníamos un enorme afecto y simpatía, ya no sólo por todas sus ocurrencias, sino, sobre todo, por su gran humanidad. 

Cuando lo recuerdo... aún me parece verlo en su clase de Ciencias Cosmológicas, allí, sentado en su bufete, sobre aquella gran tarima y con los pies apoyados en una de las bancas que ocupábamos sus alumnos. 

Don Miguel era un hombre corpulento y en sus modales parecía muy sencillo. Muy respetuoso con todos nosotros,  nos contaba interminables historias salpicadas de anécdotas y de momentos graciosos, y que curiosamente al final de cada una, como si fueran fábulas,   siempre terminaban relacionándose con la Historia natural o las Ciencias de la naturaleza, como se diría hoy. 

Un día don Miguel nos contaba que cuando entró a su casa y detectó un cierto olor a amoniaco… aquel día en su vivienda había albañiles trabajando,  y nos explicó, que normalmente durante esas horas de trabajo, los operarios orinaban en un pequeño retrete que había en el patio de aquella casa , y claro … ¡como entonces no había cisterna!, el resultado de aquellas abundantes micciones era la descomposición de esa “materia”, o sea el pipí, que pasado un tiempo, se descomponía al contacto con el agua del sumidero en un gas incoloro de olor desagradable, compuesto de hidrógeno y nitrógeno que se empleaba frecuentemente en la fabricación de abonos y productos de limpieza ... esto es: amoniaco.

Bonita y original manera de explicarles a aquellos jóvenes de corta edad, la naturaleza orgánica de las cosas cotidianas que nos rodean.

De D. Miguel Ruiz Ballón, se cuenta también infinidad de anécdotas, todas muy simpáticas. Y algunas, incluso, me pasaron a mí:

Un día me llevé a una de sus clases un pequeño camaleón. Al poco rato, mis compañeros se “chivaron” al profesor de la presencia de mi mascota  y con potente voz, don Miguel dijo: -¡EL DUEÑO DEL PEQUEÑO REPTIL PRESENTE EN LA CLASE, SALGA FUERA Y DEPOSITE AL ANIMAL EN UN LUGAR ADECUADO!.-Yo perplejo ante su orden, inmediatamente me levanté, lo deposité en un  rincón del aula, siguió las explicaciones como si tal cosa,  y me lo llevé al terminar la clase.


También se oía contar que don Miguel, con dos profesores muy amigos suyos, iba muy a menudo a Lucena para almorzar a una Pensión y Casa de comidas, entonces muy conocida por sus exquisitos potajes. Y como era hombre de buen comer, muchos decían: que cuando acudía a alguna celebración o banquete, era capaz de tirarse DOS O TRES días en ayunas.

En una ocasión que fue al Casino, estrenando gabardina,  unos amigos bromistas se la cambiaron por otra vieja, sucia  y cochambrosa y el pobre de don Miguel no salía de su asombro ante el inesperado contratiempo. 

Como señalaba al principio de este relato, para sus alumnos don Miguel Ruiz Ballón  fue un profesor genial,  un tipo simpático y ocurrente, que dejó en Cabra una gran familia, a pesar de que no tuviera hijos en su matrimonio. Sería mi gran amigo, Rafael Barranco Prieto, que fuera adoptado legalmente como suyo, quien compartiría parte de su vida y de su recuerdo, y al que le mando un abrazo afectuoso.

Finalmente, como en otras ocasiones repasamos su biografía extraída de una semblanza a su persona realizada en la prensa local egabrense.

“Nació don Miguel en Lucena en agosto de 1883. De una familia humilde, que tuvo que desempeñar en su juventud diferentes oficios, entre ellos el de aprendiz de carpintero. Dotado de una clara inteligencia, se propuso estudiar el Bachillerato en Cabra, para lo que tenía que desplazarse en diversos medios desde Lucena. Incluso algunas veces a pie. Ya muy madurito, y con la modestísima ayuda de unos parientes, cursó la carrera de Ciencias Químicas, licenciándose luego en Sevilla.

En enero de 1915 vino a este Instituto, como ayudante interino sin sueldo y después fue como auxiliar numerario, accediendo por fin, a primeros de años treinta, a la cátedra de Ciencias Naturales, que lo desempeñó aquí hasta su jubilación.

Como era un hombre muy observador y también de una gran memoria, fue captando infinitos sucedidos pintorescos que luego contaba a sus amigos con singular donaire. Muy aficionado a la buena y abundante mesa y a... ciento y una comilonas que se dieran en Cabra, entre los años 1915 a 1925, con cualquier pretexto. Contaba que un mes que no hubo que festejar se organizó un banquete de <afirmación egabrense>…Otro se le dio a un joven porque <iba a hacer oposiciones al catastro>… y luego no las hizo.

En sus últimos tiempos realizó un descubrimiento sensacional, que <en Cabra hay un hombre que manda en su casa>…El relato e incidencias de este suceso causó el regocijo de su asidua tertulia del Círculo de la Amistad.

Don Miguel Ruiz Ballón fue un enamorado de Cabra y de sus gentes y de cuantos fueron sus alumnos lo recuerdan con singular simpatía y afecto. Aquí murió en octubre de 1962.”

2 comentarios:

  1. Salvador trabajo interesante y pudiendo presumir de buena memoria,muestras datos que hasta los interesados a lo mejor desconocen,yo procuraré darle lectura a mi hermano Rafael, tu sabes que él en estos menesteres no es muy aficionado ni muestra interés por aprender,no lo saques de sus costumbres y aficiones,por cierto saludables y con sus ingestiones como cuando eramos jóvenes,le va fenomenal jajajaja que otros mas jóvenes no resisten.
    Como siempre un abrazo tío y cuídate.
    Me identifico : ANTONIO BARRANCO PRIETO.-

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